martes, 16 de septiembre de 2008

Bailo sobre tu sangre porque es necesario

Bailo sobre tu sangre porque es necesario, porque así y sólo así puedo deshacerme finalmente del fantasma de ti que me sigue y recorre. No llevo encarnado el duelo de tu funeral. Yo soy, y seré, la misma de siempre. Porque quiero dejar de serte, quiero hacerte, en todo casi, una vieja historia, de esas que con el tiempo se olvidan.
Soy, cariño, el verdugo de tus días, dejo caer la guillotina filosa sobre tu cuello, para después sacudir la canasta con tu cabeza. Te muestro como un trofeo, repitiendo la canción que me gusta y que tanto odias. Contoneándome para todos, nunca para ti.
Escribo mis memorias, revelo cada secreto de nuestra vida, cada detalle de la tuya. Que de niño mojabas la cama, que de adolescente no sabías ponerte condones y que de adulto; con dos cervezas, nada.
Rompo todas las fotos para borrar nuestra vida. Le digo a nuestros hijos que tú no eres su padre. Quemo tu ropa y zapatos. Te convierto en un hueco en el clóset. No, más bien, te convierto en un clóset vacío. En un vacío de la memoria familiar.
Me acuesto con tu hermano y con tu mejor amigo. Con tu secretaria y con el vecino. Gozo, gozo cada segundo, cada caricia. Me estremezco vil.
Hago esto, porque no me eres suficiente. Porque tú no eres nada y yo soy todo. Porque nunca has sido nada y yo siempre he sido todo. Porque tú sigues siendo el mismo y yo no.
Sí mi amor, hago todo eso y más. ¿Por qué? Porque puedo. Bailo sobre tu sangre porque es necesario.

*Aguilar Zéleny, Sylvia. Una no habla de esto. 2007. Fondo Editorial Tierra Adentro. Pp. 75-76