viernes, 9 de mayo de 2008

Esto fue lo que pasó


No había nadie más grande que ella. Su belleza y personalidad me llenaban de una manera que nunca podré explicar. No me sentía completo cuando ella faltaba y simplemente era mi otra mitad. Desde que me enamoré de ella tuvo este efecto y duró bastante. Digo que duró porque, como es lógico ese efecto acabó. Al principio de nuestro matrimonio todo marchaba como cuando novios. La magia de sus ojos me llenaba en las mañanas y me asechaba en las noches. Era el ser más bello de este mundo.
Conforme fue pasando el tiempo, su personalidad dejo de ser mi favorita. Los problemas no crecían pero se hacían frecuentes, haciendo que convivir con ella fuera una simple costumbre (hasta obligación) y no un placer. El permanecer juntos no me molestaba, aunque ella no se parecía en mucho a la mujer con quien me casé. Con lo que no podía vivir, era el hecho de haber perdido a esa persona que me despertaba tantas cosas que nadie más lo hacía. Me perturbaba día y noche esa pregunta. ¿Dónde encontrar alguien como ella, alguien como la persona con quien me casé?
La diaria rutina se hizo cargo de mí y en mis negocios triunfe. No me preocupaba mi solvencia ya que, como propietario de varios edificios de locales comerciales en Viena, la renta me mantenía sin quitarme mucho tiempo. Pero el dinero nunca fue importante ni lo es ahora. Lo único relevante, lo que me hacía despertar en las madrugadas y no poder dormir en las noches, era encontrar esa mirada mágica que me estremecía años atrás.
La encontré. ¿Cómo no darme cuenta? Alguien tan parecido a ella tenía que ser ella, alguien con su misma actitud, misma personalidad, misma belleza, misma mirada, misma sangre. Pero no podía tenerla – no por mí, sino por la sociedad que lo rechazaría- así como así. Tenía que idear un plan maestro para que no me tacharan de monstruo (que hoy así me llaman). La primera vez bastó con convencerla de que no dijera nada y que así le iría mejor. No habló. Pero yo quería que fuera mía siempre –o mientras me llenara como me llenaba su madre- así que dentro de mi plan maestro fue encerrarla en mi sótano, mismo sótano que su madre y los otros. Los hijos que engendramos nunca estuvieron en mis planes. ¿Pero que más da? Nunca descarté la posibilidad de que, de su vientre, saliera una mujercita que me fuera tan parecida a su madre y abuela pero en una versión mejorada, más agradable, más joven, más enamorada.
El amor es sinuoso y complicado. Algunos lo ven de una forma y otros de otra. Para mi el amor era de un solo tipo, y cuando ella salió de mi esquema, busque a otra con ese esquema (o lo que fuera más parecido), lo lógico es que su hija (nuestra hija) fuera la más perecida a ella. Por eso no veo porque me llaman monstruo, me juzgan y declaran que siento placer al hacer daño, pero nada de eso es verdad. Yo buscaba el amor y lo encontré – 2 veces- hasta que me lo arrebataron.
En esta prisión les escribo para que aprovechen su libertad para encontrar la felicidad, que para mi radica en el amor, no importa de que forma se presente.

No pido perdón, sólo comprensión, lo que hice fue por amor.

Josef Fritzl

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